Empezaron como el dueto Santi y Beto. Hoy son siete en el escenario y se la juegan a todo o nada en la apuesta musical. Salta la Banca presente en Probabilidad de Lluvia, su presente en ascenso, el motivo de sus letras y cómo se vive en la cabeza de una banda va creciendo en cada presentación en vivo.
Desde que empezamos hasta acá, todo se robusteció simultáneamente, lo musical, la gente, mi vida, el boca en boca que tanto nos ayudó. No tuvimos mucha ayuda en difusión o publicidad. En diciembre del 2008 éramos dos y ahora somos siete más los que nos ayudan de afuera.
Santiago habla en nombre de la banda y desde su experiencia en cada show trata de remarcar lo imporante que hay en la adrenalina del show en vivo, es como un buen polvo. Lo primero que siento después de tocar es la necesidad de desconectarme de relajar un toque, aunque el verdadero -resultado de los shows los tenés cuando bajás y saludas a la gente.
¿Las cosas que los movilizaban al principio, son las mismas que ahora?
Tal vez los Redonditos de ricota sean un poco de eso, de trova y rock and roll y hay como una escuela de eso en Argentina. Hay un interés por buscarle la vuelta al verso de una canción.
El norte que perseguimos es el mismo desde que empezamos. El de “vamos a decir cosas” con todo lo que eso implique. Si mañana tengo voz no me voy a olvidar de decir cosas, porque ahora tengo una obligación. En realidad mi casete pasa por pretender no omitir ninguna esfera de la vida, escribirle al desamor, o hacer temas contestatarios. Me parece que si tenés la posibilidad de que te escuche mucha gente se puede hacer caso omiso a la realidad sociopolítica argentina. Hay que manifestar el estado de las cosas y lo que pasa en la realidad. A eso es a lo que más nos abocamos.
¿Cómo se es contestatario en la actualidad?
Supongo que tiene que ver con la consecuencia de los shows. Lo que hay hecho hasta acá de Salta la Banca por ahí no tenga un contenido muy de protesta, pero la gente de todas formas lo sabe, porque lo tenemos repetido en cada show. Tenemos un perfil en Facebook que tratamos de usar para decir cosas copadas. También posteamos pelotudeces pero es lo que soy, no se puede ser grandilocuente todo el tiempo. Hay una frase de Aristóteles que decía Hay que pensar como los sabios piensan -intetarlo en este caso- pero hablar como la gente sencilla. Yo no estoy en ninguna mesa de intelectuales, yo estoy con la gente. Lo que digo es lo que me parece que sucede y la forma de reivindicarlo es manifestarlo constante mente y ser consecuente con eso.
Cómo te das cuenta que el mensaje de una canción que escribís llega tal cual sin desvirtuarse.
Lo que hicimos hasta acá es bastante explicito por lo cual no se le puede dar otra interpretación. La gente tiene claro, quién es el que lo dice, cómo es y desde qué lugar se lo dice. Hasta acá, en lo que respecta la música, no se han dicho muchas cosas probablemente, pero hay intentos. Hice una canción de Cromañón, el Beto hizo una historia de la madre de un amigo sobre la dictadura y hay un par de temas con ese contenido.
¿Cómo es la mirada de una banda emergente, después de tantos años, con el tema de Cromañón? No recuerdo expresiones decididas en nivel musical respecto al tema
La canción de Las Manos de Filipi me parece un gol. Probablemente la óptica que yo haya tratado de retratar es la del sobreviviente, porque yo estuve en Cromañón. Desde el lugar del artista puedo decirte que no cambió nada, sigue existiendo un lazo inexpugnable entre el empresariado y el Estado que no se va a romper. Lo que antes era un techo o la media sombra hoy es meterle el dedo en el orto a las bandas, cobrarle 3000 pesos para tocar una hora.
Las mañas de ese tipo siguen ¿Pero como se las encara actualmente desde el lado del músico?
Somos amigos de los chicos de las Pastillas del Abuelo y se está diciendo permanentemente “tengan cuidado” a nosotros no nos cuida nadie. Hay un Estado deliberadamente negligente.
¿Hay algo que no se dijo durante todo el tratamiento del caso Cromañón?
Todos los focos que conciernen a Cromañón están muy mal analizados. Mi primer recital a los 13 años había bengalas y pensé que era completamente normal. Salieron bandas a hablar mal de Callejeros cuando ellos hacían lo mismo, hasta tocaban en lugares peores también. Al igual que los medios. Se vende morbo y no se dijo mucho.